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Colombianos en la guerra de Ucrania: miles de veteranos han llegado al frente atraídos por su experiencia en combate y salarios

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Exintegrantes de las Fuerzas Militares de Colombia hacen parte de las filas extranjeras que combaten en Ucrania. Mientras algunos son reclutados por las fuerzas ucranianas, también existen reportes de colombianos vinculados a redes del lado ruso. Testimonios recientes denuncian incumplimientos, condiciones precarias y dificultades para abandonar la zona de guerra.

Por Lola Portela

Desde que comenzó la invasión rusa a gran escala de Ucrania en febrero de 2022, un número creciente de veteranos colombianos ha viajado hacia la región para incorporarse como combatientes, contratistas o voluntarios. Las estimaciones sobre la cantidad exacta son dispares: distintos informes y medios han situado el fenómeno entre cientos y varios miles de colombianos desplazados hacia el conflicto.

La presencia de ciudadanos colombianos se explica, entre otros factores, por la experiencia adquirida durante décadas de conflicto armado interno. Para las fuerzas que buscan combatientes extranjeros, esa trayectoria representa un perfil con entrenamiento militar y experiencia en escenarios de combate.

A esa demanda se suma un incentivo económico. Un soldado o voluntario colombiano en el frente de Ucrania puede ganar entre 3.000 y 4.500 dólares al mes cuando participa en zonas de combate activo. Los procesos de reclutamiento vinculados con Ucrania han ofrecido remuneraciones que, dependiendo del contrato, el cargo y las condiciones del servicio, superan ampliamente los ingresos que muchos exmilitares podrían obtener en Colombia. También se han conocido casos de colombianos que han terminado vinculados a estructuras del lado ruso.

Una nacionalidad con fuerte presencia en el frente

Desde la creación de la Legión Internacional de Defensa de Ucrania, ciudadanos de diferentes países se han incorporado a las fuerzas ucranianas. En ese contexto, los colombianos han adquirido una presencia particularmente visible.

El fenómeno no se limita a militares en servicio activo. Una parte importante de quienes viajan son exintegrantes de las Fuerzas Militares colombianas que, después de retirarse, encuentran en los contratos internacionales una posibilidad de continuar desempeñándose en actividades relacionadas con la seguridad y el combate.

Sin embargo, establecer cuántos colombianos participan actualmente en la guerra resulta difícil. No existe un registro público completo que permita determinar con precisión cuántos han sido reclutados, cuántos permanecen en el frente, cuántos han regresado y cuántos han muerto o resultado heridos.

Las cifras difundidas públicamente también incluyen categorías diferentes —voluntarios, militares contratados, combatientes y personal de seguridad—, por lo que no siempre son directamente comparables.

Del atractivo económico a la primera línea

Para algunos exmilitares, la decisión comienza con una oferta económica difundida mediante redes sociales, contactos personales o intermediarios. Los anuncios pueden presentar el trabajo como una oportunidad para obtener ingresos elevados y aprovechar la experiencia militar acumulada en Colombia.

Sin embargo, la realidad puede cambiar una vez que el combatiente llega a territorio ucraniano.

En los últimos meses se han difundido testimonios de colombianos que aseguran haber recibido condiciones diferentes a las que les fueron ofrecidas durante el proceso de reclutamiento. Algunos han denunciado falta de alimentación, problemas con los pagos, ausencia de equipos adecuados y exposición a situaciones de alto riesgo.

Uno de los casos que ha llamado la atención es el de Óscar Bocanegra Martínez, oriundo de Mariquita, Tolima. En un testimonio difundido públicamente, Bocanegra pidió ayuda para regresar a Colombia y aseguró que él y otros compatriotas permanecían en condiciones que describió como de confinamiento.

Nos tienen como presos”, afirmó en uno de los videos, en el que también habló de hambre y de amenazas contra su vida.

Recientemente, Luz Dary Adán, una madre de Paz de Ariporo Casanare, resolvió acudir al gobierno de Abelardo De La Espriella. Ella clama por dar con su hijo Yeiner Javier Bayona Adán, quién fue reclutado mediante engaños como mercenario para la guerra que se libra en Ucrania y hasta el momento de este artículo se da por desaparecido en Ucrania.

Con certeza Luz Dary Adán, no es la única familiar preocupada por un ser querido que tomó ése camino: la guerra de Ucrania. Es importe saber que el tema es complejo, por las vías diplomáticas poco o nada pueden hacer.

Y es que, aunque hay relaciones diplomáticas oficiales entre Colombia y Ucrania, desde el 20 de agosto de 1992. Colombia no cuenta con embajada, ni consulado en Ucrania. La Cancillería de Colombia gestiona los asuntos con Ucrania a través de la Embajada de Colombia en Polonia (concurrente), mientras que Ucrania maneja la relación diplomática para Colombia desde su embajada en Perú.

Pedidos de ayuda a la Cancillería

Los testimonios de exmilitares colombianos atrapados en el conflicto han llevado a algunos de ellos a recurrir públicamente a la Cancillería colombiana en busca de asistencia para regresar al país.

El problema plantea dificultades particulares para el Estado colombiano. Quienes viajan por decisión propia a un conflicto extranjero no necesariamente cuentan con los mismos mecanismos de protección que tendría un funcionario colombiano enviado oficialmente al exterior. Además, una vez incorporados a estructuras militares extranjeras, las posibilidades de abandonar la zona de combate pueden estar condicionadas por contratos, normas militares y circunstancias operativas.

A esto se suma la dificultad consular de atender a ciudadanos ubicados en zonas de combate activo.

Al no haber diplomáticos sobre el terreno, el Estado colombiano no puede movilizar personal hacia las trincheras, hospitales militares o zonas de bombardeo para verificar el estado de un ciudadano o coordinar evacuaciones directas.

Un fenómeno que también genera alertas humanitarias

Expertos y organizaciones que estudian el reclutamiento de combatientes extranjeros han advertido que la intermediación laboral para conflictos armados puede generar escenarios de explotación y abuso.

La preocupación aumenta cuando las personas son captadas mediante promesas que posteriormente no se cumplen, contraen obligaciones que desconocían o terminan bajo condiciones de las que les resulta difícil salir.

En esos casos, especialistas han señalado la necesidad de analizar el fenómeno también desde la perspectiva de los riesgos de trata de personas y explotación vinculada al reclutamiento para actividades armadas, sin asumir automáticamente que todos los colombianos que viajan a Ucrania sean víctimas de ese delito.

La situación también tiene una dimensión jurídica. La participación de ciudadanos colombianos en fuerzas extranjeras depende de las circunstancias concretas de cada caso, de los contratos suscritos y de la legislación aplicable en Colombia y en el país donde prestan sus servicios.

Entre la experiencia militar y el riesgo

La experiencia de Colombia en décadas de conflicto convirtió a sus militares y exmilitares en un grupo con conocimientos especialmente valorados en escenarios de guerra. Esa experiencia puede abrirles oportunidades laborales en el extranjero, pero también los convierte en un objetivo para redes de reclutamiento que buscan personal con entrenamiento y experiencia.

En Ucrania, esa demanda se desarrolla en medio de una guerra caracterizada por el uso intensivo de drones, artillería y ataques de largo alcance. Para los extranjeros enviados a posiciones de combate, la experiencia previa no elimina los riesgos asociados al conflicto.

Las cifras de muertos y heridos entre colombianos son igualmente difíciles de establecer con exactitud. Se han reportado decenas y, según algunas fuentes, cifras superiores, pero los registros disponibles no permiten construir un balance único y actualizado de todas las víctimas.

Lo que sí muestran los testimonios y reportes conocidos es la dimensión humana del fenómeno: detrás de las cifras de reclutamiento hay antiguos soldados que viajaron buscando mejores ingresos y terminaron enfrentándose a una guerra de alta intensidad, algunos de ellos con dificultades para recibir lo que se les prometió o incluso para regresar a Colombia.

Investigando sobre este tema, se considera importante contemplar la prevención frente a la trata de personas para adultos en Colombia.

Verificar ofertas de empleo: Desconfíar si te exigen viajar de inmediato, mantener el trabajo en secreto o si piden asistencia a entrevistas en lugares extraños o inseguros.

Proteger los documentos: Conservar siempre tu cédula o pasaporte; quien controla tus documentos personales puede limitar tu libertad.

Comparte tus planes: Informar a tu red de apoyo o familiares los detalles de viajes, ofertas de trabajo o estudios fuera de tu ciudad.

Cuidado con deudas: Evitar aceptar préstamos de dinero fáciles o condiciones poco claras que puedan derivar en retención o control por parte de terceros.

El caso de los veteranos colombianos en Ucrania, y algunos jóvenes como Yeiner Javier Bayona Adán, , revela así una realidad que va más allá de la participación de extranjeros en una guerra. También abre preguntas sobre los mecanismos de reclutamiento, la responsabilidad de los intermediarios, la protección consular y los límites entre una decisión laboral voluntaria y una posible situación de explotación.