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La compra de Gripen por parte del Gobierno Petro aviva dudas sobre criterio técnico y consistencia estratégica

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Por Lola Portela

La adquisición de 17 aviones Gripen E/F por parte del Gobierno Petro —un contrato de 16 billones de pesos firmado con la empresa sueca Saab— ha abierto un debate que va mucho más allá del costo y la tecnología: ha puesto en tela de juicio la coherencia y el rigor con los que se tomó una de las decisiones militares más costosas de la historia nacional. Aunque el Ejecutivo presenta el acuerdo como un salto hacia la modernización, los elementos revelados tras la firma indican que la elección dejó por el camino alternativas aparentemente más completas y más económicas.

El Ministerio de Defensa sostiene que el convenio con Saab garantiza transferencia tecnológica, formación técnica y desarrollo industrial. Sin embargo, la forma en que se descartaron otras propuestas —particularmente las de Estados Unidos— ha despertado inquietudes sobre la racionalidad y el nivel de análisis detrás de la decisión final.

Ofertas de EE. UU.: más aviones, menor costo y tecnología ya probada

La controversia tomó un giro más agudo al conocerse que Estados Unidos ofreció dos paquetes de F-16C/D Block 70: 16 aeronaves por USD 3.137 millones, o 24 aeronaves por USD 4.202 millones. Ambas propuestas incluían entrenamiento, soporte y armamento. En el caso del paquete de 17 aviones, el costo habría sido de USD 3.245 millones, USD 407 millones menos que la oferta de Saab, según los cuadros comparativos difundidos públicamente.

Pese a ello, el Gobierno dejó expirar estas ofertas sin brindar una explicación sólida sobre su descarte. Para analistas de defensa, este vacío alimenta la percepción de que la decisión se tomó con apresuramiento o bajo criterios no estrictamente técnicos.

El análisis comparativo que alimenta las dudas

La infografía comparativa difundida en redes sociales —cuyo contenido coincide con datos del proceso— subraya un hecho difícil de ignorar:

  • F-16C/D Block 70 (EE. UU.)
  • Costo por 17 aviones: USD 3.245 millones
  • Avión probado en numerosos países y en combate real
  • Radar AESA y aviónica de última generación
  • Vida útil extendida: 12.000 horas
  • Compatible con amplio inventario de armamento
  • Precio unitario estimado: USD 196 millones
  • Gripen E/F (Suecia)
  • Costo por 17 aviones: USD 3.652 millones
  • Nunca probado en combate
  • La versión biplaza (Gripen F) aún no existe, sigue en desarrollo
  • Precio superior al del F-16
  • Menor madurez operacional

La comparación también destaca que el F-16 ofrecía “todos los juguetes”: misiles Harpoon, HARM y soporte técnico completo, mientras que el acuerdo con Saab aún no detalla con precisión el paquete de armamento incluido.

Para sectores castrenses retirados y analistas independientes, estos elementos alimentan la sospecha de que el Gobierno optó por la alternativa más costosa y menos probada, en lugar de una plataforma con historial de combate y disponibilidad logística global.

Mientras el mandatario colombiano sostiene que Estados Unidos solo propuso aeronaves usadas, la información revelada demuestra que la propuesta incluía dieciséis F-16 completamente nuevos, junto con un paquete integral de soporte y equipamiento.

Un debate técnico eclipsado por la falta de claridad política

Los defensores de los Gripen destacan que son aeronaves de generación 4.5, con costos operativos más bajos y ventajas en sensores, eficiencia y reducción de firma radar. Sin embargo, incluso reconociendo estas virtudes, las preguntas persisten:
¿justifica esto un sobrecosto de USD 407 millones?, ¿era prudente elegir un modelo cuya versión biplaza aún no está disponible?, ¿se evaluó con suficiente rigor la sostenibilidad logística e industrial de la alianza con Saab?

Un contrato gigantesco que exige respuestas

Lo que debió representar un proceso transparente y estratégico hoy se percibe como una decisión inconsistente, marcada por silencios oficiales y contradicciones entre el discurso público y los datos comparativos del mercado. Más allá de la apuesta tecnológica, el Gobierno aún no explica por qué pagó más por menos, ni por qué optó por un avión con menor madurez operativa y mayores incertidumbres.

La compra de los Gripen redefine el futuro de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, sí. Pero también deja en el aire una pregunta que incomoda: ¿fue esta realmente la mejor decisión para la defensa del país o un giro improvisado con un elevado costo político y fiscal?