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Alzhéimer, el ladrón de recuerdos que aún no tiene cura

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Por Lola Portela

Hoy se conmemora el Día Mundial del Alzhéimer, una fecha que busca generar conciencia sobre una enfermedad que, de manera silenciosa y progresiva, va borrando recuerdos, transformando rutinas y poniendo a prueba a quienes la padecen y a sus familias.

Más allá de las cifras y de los avances de la ciencia, el Alzhéimer tiene un rostro profundamente humano: el de una persona que poco a poco deja de reconocer lugares, nombres, historias y, en ocasiones, incluso a quienes más ama. Por eso, esta fecha también pone sobre la mesa la importancia de detectar la enfermedad de manera temprana, así como de fortalecer el acompañamiento y la atención tanto al paciente como a quienes asumen su cuidado.

En medio de esta realidad, nuestra colega Claudia Palacios escribió Hola mami, quiubo, hija, un libro íntimo y conmovedor que recoge conversaciones con su madre, María Teresa Giraldo, quien vivió durante 13 años con esta enfermedad y falleció en mayo de 2025.

La obra trasciende el relato personal y familiar. Es también una invitación a hablar de aquello que muchas veces permanece en silencio: el impacto del Alzhéimer en los hogares, la necesidad de políticas públicas, el acompañamiento que requieren los cuidadores y la responsabilidad que tiene la sociedad frente a una enfermedad que no afecta únicamente a quien recibe el diagnóstico.

Hola mami, quiubo, hija puede convertirse en una lectura valiosa para familiares y amigos de personas con Alzhéimer, porque abre conversaciones necesarias y plantea preguntas que deberían discutirse en familia y en sociedad.

Leerlo es dejarse tocar el alma. Cada palabra y cada frase pueden llevar al lector a sus propios recuerdos, a sus afectos y a las personas que han marcado su vida.

En mi caso, sus páginas me llevaron a pensar en dos seres que han sido parte fundamental de mi historia y, al mismo tiempo, a poner en consideración y oración a tantas familias que conviven diariamente, desde el amor, con esta dura realidad.

Porque cuando olvidar deja de ser normal, el Alzhéimer deja de ser solamente una enfermedad de quien la padece. Se convierte en una experiencia que transforma a toda una familia.

Y esa es, quizás, una de las caras más dolorosas de este ladrón de recuerdos: que mientras se lleva poco a poco la memoria, deja a quienes aman la tarea de recordar por los dos.