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Juzguen ustedes compatriotas

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Por Lola Pórtela

¿Tiene o no tiene razón la víctima? Lorena Murcia tenía 10 años, era una niña cuando las FARC la reclutaron, estos hechos según su expediente ocurrieron frente Yarí en Caquetá. Y Lorena dice: “por más de 6 años sufrí todo tipo de vejámenes, abuso sexual y fui testigo de las peores atrocidades que se pueden cometer contra la inocencia, la dignidad e integridad humana”.

Y agrega: “me pude escapar antes de cumplir 17 años, entregándome al Ejército Nacional, donde inicié el proceso de restablecimiento de derechos; durante el proceso de reintegración evidencié el poco acompañamiento que se brinda a las víctimas colaterales que deja la guerra en Colombia, es por esto que me convertí en la voz de todas esas personas que han sufrido, y día a día luchan contra las injusticias de este país”.

Lorena Murcia

Hoy Lorena Murcia se enfrenta a una demanda por parte de Sandra Ramírez Lobo Silva, cuyo nombre de pila fue Griselda Lobo Silva.

Sandra Ramírez fue combatiente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP) desde 1981; hasta la firma del tratado de paz en 2016. En 2018 fue nombrada senadora del Congreso de la República de Colombia por el partido Comunes, como resultado de la curules negociadas o exigidas, por el grupo guerrillero para deponer las armas.

Senadora Sandra Ramirez

La hoy senadora Sandra desea que no la llamen: ex guerrillera, ex combatiente… Y todos los demás calificativos que, en propiedad, usan las víctimas para referirse a quién o quienes les destrozaron la vida. Ya sea por: el secuestro, la violación, el asesinato, la extorsión, la desaparición, el desplazamiento, el terrorismo, etc., el listado es eterno, pues el caso de Lorena no es el único.

Y es que las víctimas de Colombia y del mundo, cada vez que ven a los victimarios en posiciones que no merecen, son revictimizadas, pues en su interior recuerdan lo que les pasó.

Por eso Lorena Murcia dice: “soy quien se identifica como la Voz de las Víctimas. Por amor a las víctimas”.

En mi trabajo con víctimas vi que los estudios internacionales serios dicen que: “el perdón y olvido en Colombia es imposible porque no hubo verdad, justicia, mucho menos reparación”. Otro estudio dice: “en sus relatos y declaraciones, ante la JEP, las FARC aún culpan al Estado de sus crímenes, no asumen que ellos, por demás, fueron responsables. Además, niegan la legitimidad del Ejército de ese país, que en cumplimento de su deber los persiguió, sometió y abatió, en algunos casos”.

El haber sido de las FARC, del M-19, del EPL, o de cualquier otro grupo, en este caso guerrillero, es una realidad que tendrán que enfrentar todos y cada uno. Ellos serán para muchos: los victimarios desmovilizados.

Y sé que el foco, el lente social y de algunos periodistas estará del lado de la verdad. Y ese relato lo tienen las víctimas del mundo entero, no los verdugos.

La justicia social se da cuando me pongo los zapatos del otro. Y una de las víctimas de Colombia me dijo: “la paz es un entramado, que se teje”.

En mi trasegar periodístico, por otros países con conflictos internos o internacionales; desde mi lente, aprendí que quien debe poner el hilo es el Gobierno, una madeja que jamás otro de turno puede cortar, porque entonces surgirán otros tejidos, pero no de paz.