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¿Desaparecerán los partidos tradicionales en Colombia?

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Por Lola Pórtela

Hace unos años, al llegar a Colombia, conocí mi mezcla política colombiana. Por un lado, eran Liberales y por el otro Conservadores. Y sus representantes, en mi familia, eran mis abuelas materna y paterna, respectivamente. De ellas, pude disfrutar sus historias, y hasta horrorizarme con lo que vivieron durante la “época de la violencia”.

Hoy dejaré de lado, los bellos recuerdos de mi vieja Lola, a quien muchos de ustedes, queridos lectores, me han visto citar, por sus apuntes y dichos, tan hermosamente antioqueños. 

Les hablaré de doña Magdalena Arias de Pórtela. Una mujer de quien aprendí ¿qué era ser Conservador? Ella tenía una capacidad increíble de convocatoria. Era una de esas matronas, a quien poco o nada le importaba el “protocolo”, pero conocía mucho de política.

Pasé horas escuchándola hablándome de política. Era una mujer con gran sabiduría y llamaba las cosas por su nombre. Me agradaba su narrativa política; analizarla. Muchas de nuestras tertulias se dieron mientras ella preparaba, para consentirnos, las recetas de los platos típicos de su región: la lechona, los tamales, los envueltos o insulsos y el dulce de nochebuena. Delicias que no olvidaré. Como tampoco su “visión futura del panorama político de Colombia”.

Alguna vez, le pregunté a esa sabia mujer, mi abuelita, si creía que tanta sangre derramada entre Liberales y Conservadores valió la pena, a lo que me respondió: “ninguna gota de sangre vale la pena derramarse, y ojalá nunca manejen el país, esos que derraman sangre para llegar al poder. Lo que se debe hacer es estudiar, como su papá, conocer las necesidades y trabajar honradamente, por la gente”.

Cuando mis tertulias, con la abuela conservadora, era apenas una joven estudiante de periodismo. Venía de un país con una historia fuerte, y sólo recordaba vivir en medio de una dictadura, donde no conocía la libertad, ni la democracia.

Sé que para los “godos” reales como “Doña Magda”, les era impensable imaginar que los conservadores, esos que admiraban a Miguel Antonio Caro y a Laureano Gómez, serían los que, por mermelada, corrupción, etc., apoyarían, a un gobierno de izquierda.

Hoy creo que todos, los azules conservadores y los verdaderos rojos liberales, ven con horror esa realidad de coalición en Colombia.

Una alianza con beneficio propio, no para el país. Sin embargo, atrevo a creer que algunos “quizás, quizás” pensaron, románticamente, en la “Paz Total”. Sin embargo, no dudo que allí más de uno actúa como Judas, pero lo disimulan.

Por otro lado, en el ambiente de las casas, las redes sociales y las calles, la gran mayoría de los colombianos ven con asombro, gran desencanto, rabia e impotencia el “salto acrobático” hacia la izquierda de todos esos partidos llamados “tradicionales”: el Conservador, el Liberal, algunos miembros del Verde, entre otros, lo que demuestra que la mermelada fue de varios colores.

Los partidos tradicionales le demostraron al país de frente su traición porque les cuesta hacer oposición. Y hasta vimos salir corriendo a Rodolfo Hernández, quien en campaña dijo: “La corrupción es el mayor impuesto que nos toca pagar a todos los colombianos”, pero llevaba a cuestas un escándalo de presunta corrupción, en el que él se ha declarado inocente. Tal vez, por eso mejor decidió dedicarse a cuidar sus propios intereses, pero hablar de ese asunto es llorar sobre la leche derramada.

Ya lo hemos visto en otros países, y es que ese “salto acrobático” de los partidos tradicionales, hacia la izquierda es mortal. Con ello desaparece la credibilidad tanto en esos políticos, como en sus partidos.

Tal vez, la venta y compra de ese voto legislativo tuvo la cláusula del ¡todo incluido!   Y, por eso, ni leerán las propuestas petristas, ya están programados (pagados) para dar el sí.  Ese es el desencanto nacional.

Por todo lo anterior, y lo que conlleva esas decisiones políticas, con el correr de los días Colombia ha despertado, y cada día está calificando a sus verdaderos líderes políticos. Esos que les duele realmente su pueblo, pero que todavía no representan a ese país diferente.

La Colombia de ahora, es la que marchó y marchará este 22 y 29 de octubre porque vio con enojo cómo a pupitrazo… limpio, sin leer y analizar aprobaron en primera instancia la Reforma Tributaria: sin debatir, mejor dicho, sin dar la pelea y escuchar el porqué de cada artículo propuesto por la izquierda, y de qué forma afecta a toda la nación.

Y es que la oposición es parte de la democracia, de la política misma, porque permite: disentir, proponer alternativas políticas, fiscalizar y ejercer, con libertad, el control político a la gestión de un gobierno.

Mientras, en el Congreso, el Gobierno de izquierda, le correrá a la Reforma Electoral y a la Constitucional. Ya que sin la una no pueden lograr el dominio pleno de las elecciones, y sin la segunda tendrán un “enemigo interno”, en el marco de la democracia, que aún rige el país.

Sin duda, en las elecciones regionales, que se avecinan, habrá amenazas y rodará mucho dinero. Sin embargo, también veremos a un pueblo firme y a otros lanzarse democráticamente a la defensa de la patria, hasta por medio de firmas, también tomarán fuerza algunos y nacerán nuevos partidos, con fundamentos patrióticos profundos, pero amparados en los valores morales que se perdieron.

Ojalá, “los nuevos”, sean capaces de gobernar y hacer parte de la oposición política que Colombia o cualquier país, con democracia, necesita.