Por Lola Portela
Un ciudadano ruso señalado de liderar una red internacional de espionaje y terrorismo fue capturado en el Aeropuerto Internacional El Dorado de Bogotá cuando intentaba viajar a Cartagena. Se trata de Denis Alimov, de 42 años, con una estatura cercana a 1,80 metros y contextura robusta, quien era requerido mediante circular roja de Interpol y enfrenta un proceso judicial en Estados Unidos que podría derivar en cadena perpetua.
La detención se produjo tras un error en los documentos que portaba. Aunque se movilizaba con al menos seis pasaportes y múltiples identidades falsas, uno de ellos coincidía con la alerta internacional vigente. Según investigadores, ese descuido permitió a las autoridades colombianas identificarlo durante los controles migratorios, pese a que habría logrado evadir registros en otros países.

Denis Alimov, quien llegó a Colombia procedente de Turquía, utilizaba alias como Denis Nazarovich, Denis Nevsky, Dionis y Denis Klimenkov para ocultar su identidad. De acuerdo con el expediente revelado por el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York, el ruso habría financiado un complot entre 2024 y 2025 para secuestrar o asesinar a dos disidentes políticos en Europa, ofreciendo hasta 1,5 millones de dólares por cada objetivo.

Así mismo, la detención de Alimov coincide con la conmoción por la muerte de Alexéi Navalny, líder opositor ruso, asesinado recientemente con una toxina proveniente de la rana dardo, especie originaria de Brasil, Colombia y Ecuador.
Las autoridades estadounidenses sostienen que el acusado entregó información clave, como direcciones IP y números telefónicos de las víctimas, durante reuniones con sus cómplices. Uno de ellos, Darko Durovic, fue detenido en marzo de 2025 en Nueva York tras recibir un pago inicial de 60.000 dólares.

El destino final de Alimov era Cartagena, aunque aún se investigan las razones de su viaje. Organismos de inteligencia no descartan que buscara establecer contactos o fortalecer operaciones en la región. El caso se da en medio de advertencias sobre una creciente presencia de redes de espionaje ruso en Suramérica, lo que ha encendido las alertas de seguridad en varios países.
La captura, gestionada con apoyo del FBI, pone en evidencia la complejidad de las estructuras criminales transnacionales y los retos que enfrentan las autoridades para detectarlas, incluso cuando operan bajo identidades aparentemente legales.
































