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Muere Alí Jamenei, el hombre que gobernó Irán por más de tres décadas: claves de su poder y la incierta sucesión

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Por Lola Portela

El recrudecimiento de las tensiones entre Israel e Irán tienen en vilo al mundo luego de un hecho sin precedentes: la muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei. El ayatolá, que gobernaba el país con un régimen que agotó a su población, por su represión masiva de prácticamente todos los sectores políticos de Irán. Alí Jamenei, líder supremo de Irán desde 1989 y figura central del sistema político-religioso del país, murió tras más de tres décadas en el poder, aplicando un régimen que agotó a varias generaciones.

Y es que tras establecer la República Islámica, Jomeini y sus fuerzas encarcelaron, torturaron, asesinaron y exiliaron a decenas de miles de disidentes políticos y opositores ideológicos. Y, al igual que bajo el Sha, comunistas y socialistas sufrieron las peores consecuencias de esta brutalidad.

La historia nos recuerda que antes y durante la revolución, aparte del movimiento de Jomeini, los izquierdistas (una amplia mezcla de comunistas y socialdemócratas) eran la mayor fuerza política del país. El movimiento izquierdista gozaba de gran popularidad entre estudiantes, jóvenes e intelectuales (médicos, abogados, empresarios, ingenieros, etc.), quienes en aquel entonces se convertían cada vez más en el grupo demográfico más numeroso de Irán.

Además de su inesperada decisión de convertir a Irán en un estado teocrático islámico, la brutal represión de Jomeini contra muchos de sus antiguos partidarios mermó la mayor parte de la preferencia que aún le quedaba entre la juventud secular y los intelectuales. Y la República Islámica nunca recuperó esta preferencia.

Jamenei falleció en Teherán en un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel, una serie de bombardeos simultáneos lanzados durante la madrugada del 28 de febrero contra distintos puntos de Teherán, en una escalada que con certeza sacude el equilibrio político de Oriente Medio.

¿Quién era Alí Jamenei?

Nacido el 19 de abril de 1939, Jamenei combinó desde joven la formación religiosa con la militancia política. Durante las décadas de 1960 y 1970 fue detenido en varias ocasiones por su oposición al régimen del sah Mohammad Reza Pahlaví y por su cercanía con el ayatolá Ruhollah Jomeini.

Tras la Revolución Islámica de 1979, integró el Consejo de la Revolución y participó en la consolidación del nuevo Estado teocrático. En 1981, luego del asesinato del presidente Mohammad Ali Rajai, fue elegido jefe de Estado. Permaneció en el cargo hasta 1989.

Ese mismo año, la Asamblea de Expertos lo designó como líder supremo, la máxima autoridad política y religiosa del país. Desde entonces, Jamenei concentró el control sobre las fuerzas armadas, el poder judicial, los servicios de inteligencia y amplios sectores políticos y económicos.

¿Qué es un ayatolá?

En el islam chiíta, un ayatolá es una de las máximas autoridades religiosas. El término significa “señal de Dios” y designa a expertos en la ley islámica con capacidad de interpretación doctrinal.

Su influencia no es solo espiritual: pueden emitir fatuas —dictámenes religiosos— que guían aspectos de la vida política y social. En el caso iraní, el líder supremo, siempre un ayatolá, combina el rol religioso con el mando del Estado.

La sucesión: un proceso cerrado y decisivo

La Constitución iraní establece que la Asamblea de Expertos —un órgano compuesto por 88 clérigos— es la encargada de elegir al próximo líder supremo. El proceso se desarrolla sin votación popular y bajo fuerte control interno.

Aunque no hay candidaturas oficiales, desde hace años se mencionan varios nombres dentro del círculo de poder:

  • Mojtaba Jamenei, hijo del líder fallecido
  • Sadiq Larijani, influyente clérigo y dirigente político
  • Mohammad Mirbagheri, figura destacada en Qom
  • Mohsen Araki, miembro de la Asamblea de Expertos
  • Hassan Jomeini, nieto del fundador de la República Islámica

La elección definirá no solo el liderazgo religioso, sino también el rumbo político de Irán en un contexto de tensiones internas y presión internacional.

La Revolución Islámica, origen del sistema

El ascenso de Jamenei no puede entenderse sin la Revolución Islámica de 1979, que derrocó la monarquía del sah y estableció una república teocrática. El movimiento, impulsado por sectores islamistas, de izquierda y estudiantiles, puso fin a décadas de cercanía con Occidente y marcó un giro hacia un modelo antioccidental.

Protestas, represión y crisis interna

El largo mandato de Jamenei estuvo atravesado por episodios de descontento social. En los últimos años, las protestas se intensificaron, especialmente entre 2025 y 2026, cuando miles de personas salieron a las calles en rechazo a la crisis económica y al autoritarismo del régimen.

Organizaciones de derechos humanos denunciaron una fuerte represión, con cientos de muertos y restricciones como apagones de internet. Jamenei atribuyó las protestas a “enemigos externos”, aunque también reconoció problemas económicos internos.

Un legado de control absoluto

Durante más de 30 años, Jamenei construyó un sistema de poder profundamente centralizado. Extendió su influencia sobre instituciones clave y promovió redes políticas, militares y económicas afines.

Su muerte deja un vacío en la cúspide del régimen iraní y plantea interrogantes sobre la estabilidad del sistema que ayudó a consolidar. La decisión de la Asamblea de Expertos será determinante para el equilibrio interno del país y su relación con el mundo.