Por Lola Portela
No es un fenómeno masivo en cifras oficiales ni protagoniza debates parlamentarios. No encabeza titulares tradicionales ni ocupa espacios centrales en la agenda pública. Sin embargo, crece. Se expande en TikTok, YouTube y comunidades digitales. Se manifiesta en adolescentes que dicen no encajar y en jóvenes adultos que aseguran sentirse desconectados del mundo humano tal como se les presenta.
Son los Therians: personas que afirman experimentar una identidad interna animal.
Para algunos observadores, se trata de una moda digital amplificada por redes sociales. Para quienes se identifican como tales, no es un juego ni una estética pasajera, sino una dimensión profunda de su identidad.
¿Qué significa ser Therian?
Un therian no sostiene que biológicamente sea un animal. La afirmación se sitúa en otro plano: emocional, psicológico o espiritual. Hablan de una conexión interna intensa con una especie específica —lobo, zorro, felino, ave— que describen como parte constitutiva de su identidad.
El término que utilizan es therianthropy (teriantropía), concepto moderno que surgió en foros de internet en los años noventa, particularmente en Estados Unidos, Canadá y Reino Unido. Aunque la figura del humano-animal existe en mitologías ancestrales —chamanes, nahuales, licántropos—, el therianismo contemporáneo nació en la cultura digital y encontró en la era de TikTok su mayor visibilidad.
Hoy el fenómeno es global, con presencia significativa en América y Europa Occidental, y en expansión en América Latina.

Los “shifts”: cómo describen su experiencia
Dentro de la comunidad se habla de shifts, cambios o activaciones internas que pueden manifestarse como:
- Sensación física de tener cola, orejas o alas que no existen (phantom shifts).
- Cambios en pensamientos o impulsos descritos como instintivos (mental shifts).
- Sueños recurrentes donde se ven como su animal identificado (dream shifts).
- Creencias de conexión espiritual o reencarnación animal (spiritual shifts).
Algunos expresan esta identidad de forma visible, usando máscaras, colas o practicando quadrobics (movimientos en cuatro patas). Otros lo viven en privado, sin exhibición pública.

Más allá de la confusión con los “furries”
Con frecuencia se les confunde con los furries, aficionados a personajes antropomórficos y al uso de disfraces como parte de una subcultura artística. La diferencia clave es que el furry suele vivirlo como hobby o estética; el therian lo plantea como identidad existencial. Aunque pueden superponerse en algunos casos, no son equivalentes.
¿Ideología, moda o síntoma?
No existe una organización central, liderazgo ni dogma oficial. Tampoco un consenso clínico que clasifique automáticamente el therianismo como trastorno mental. No figura como diagnóstico en manuales psiquiátricos internacionales.
Sin embargo, especialistas advierten que, en determinados casos individuales, puede coexistir con experiencias de ansiedad, trauma, depresión o procesos de desconexión social. Esto no implica que toda identidad therian sea patológica, pero sí que el fenómeno merece análisis sin simplificaciones.

Desde la sociología juvenil, algunos lo interpretan como una expresión de búsqueda identitaria en una época de hiperconectividad y soledad simultánea. Muchos testimonios en redes coinciden en frases como: “No me siento visto”, “No me siento comprendido”, “No encajo”.
En ese contexto, la animalidad adquiere un significado simbólico: libertad, instinto, autenticidad, pertenencia sin juicio.
El espejo incómodo
El fenómeno plantea una pregunta más profunda que la simple curiosidad cultural: ¿por qué algunos jóvenes sienten que definirse exclusivamente como humanos no les basta para expresar quiénes son?
Para ciertos analistas, el therianismo no es tanto el problema como el síntoma. Refleja tensiones contemporáneas en torno a identidad, pertenencia y reconocimiento. En una era donde la identidad se narra, se performa y se valida digitalmente, la frontera entre biología y experiencia subjetiva se vuelve más compleja.
Las instituciones tradicionales —familia, escuela, comunidades religiosas— enfrentan el desafío de comprender estas búsquedas sin caer en la burla ni en la condena automática. El rechazo frontal puede reforzar la sensación de exclusión que muchos jóvenes ya experimentan.

Más que una tendencia digital
El therianismo no representa un movimiento político organizado ni una religión estructurada. Es, más bien, una expresión radical de la cultura identitaria contemporánea: una época donde la experiencia interior adquiere centralidad y donde la pertenencia se construye tanto en el mundo físico como en el virtual.

Detrás de una máscara de lobo o de zorro puede haber una estética digital. Pero también puede haber una pregunta más profunda: ¿qué tipo de humanidad estamos ofreciendo a quienes dicen no sentirse parte de ella?
El fenómeno therian, más que una curiosidad de internet, se ha convertido en un espejo incómodo de una generación que busca, a su manera, ser vista, reconocida y comprendida.

































