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Petro temió un asalto a la Casa de Nariño y revela cómo la llamada con Trump frenó —por ahora— la amenaza

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Por Lola Portela

Durante varios días, Gustavo Petro gobernó convencido de que el escenario más extremo era posible: que una fuerza de asalto extranjera aterrizara en la azotea de la Casa de Nariño y llegara hasta su despacho. A diferencia de Nicolás Maduro, capturado una semana antes tras intentar refugiarse en un búnker en Caracas, el presidente colombiano no tenía dónde esconderse. Sin defensa antiaérea ni refugios subterráneos, dice que solo le quedaban “el pueblo” y la espada de Simón Bolívar, custodiada como reliquia a pocos metros de él.

Ese clima de amenaza, marcado por las insinuaciones públicas y privadas de Donald Trump, es el telón de fondo de la entrevista que Petro concedió a El País América. El mandatario colombiano asegura que se sintió en peligro real tras meses de ataques verbales del republicano, quien lo llamó “drogadicto”, “matón”, “narcotraficante” y “testaferro de Maduro”, lo incluyó en la lista Clinton y le retiró el visado estadounidense.

Todo cambió con una llamada telefónica. El miércoles 7 de enero, Petro y Trump hablaron durante casi una hora. Al colgar, ambos se mostraron satisfechos y el tono se suavizó. Con ese ánimo llegó el presidente colombiano a la entrevista del jueves en la Casa de Nariño, donde incluso permitió un tono distendido y comparaciones personales con su interlocutor en Washington.

Antes de ese contacto, el temor era explícito. “Indudablemente. Nicolás Maduro o cualquier presidente en el mundo puede ser extraído si no concuerda con ciertos intereses”, respondió Petro cuando se le preguntó si creyó que podía correr la misma suerte que el exmandatario venezolano. Según su relato, no reforzó su seguridad porque Colombia no cuenta con los medios para hacerlo: “Aquí ni siquiera hay defensa antiaérea. Nunca se compró porque la lucha es interna. La guerrilla no tiene aviones de combate F-16 y el Ejército no cuenta con ese tipo de defensa”.

La amenaza, asegura, no provenía de informes de inteligencia, sino del propio Trump. “No ha hecho falta. Trump lo lleva diciendo meses”, afirmó, y explicó que por eso convocó a la “resistencia popular” con concentraciones masivas en todo el país. Sobre el riesgo actual, fue cauto: “Creo que se congeló, pero puedo equivocarme. No supimos qué acción militar se planificaba, solo que había una en curso”.

Petro fue más allá al relatar el contenido de la llamada: “Trump me dijo en la llamada que estaba pensando en hacer cosas malas en Colombia. El mensaje era que estaban preparando algo ya, planificándolo, una operación militar”. Según el presidente, el republicano solo había recibido información de sectores de la oposición colombiana radicados en Florida. “Esa oposición miente sobre nuestra lucha contra el narcotráfico. Usted lee lo que dice Álvaro Uribe y prácticamente viene a defender que nos ataquen”, sostuvo.

Tras la conversación, el tono cambió. Petro rebajó su retórica antiimperialista y admitió coincidencias con Trump, especialmente en narcotráfico y en la necesidad de una transición política en Venezuela. “Hace lo que piensa, como yo. También es pragmático, aunque más que yo. A mí me gusta hablar”, dijo, y destacó una frase que, según él, selló cierta empatía: “Me dijo algo que me gustó: ‘Sé que se han inventado muchas mentiras alrededor de usted, igual que sobre mí’”.

Venezuela ocupó buena parte del diálogo. Petro confirmó su cercanía con Delcy Rodríguez, presidenta interina tras la captura de Maduro, y defendió su papel. “Soy amigo de ella. Está presionada desde afuera y desde adentro. La acusaron de ser la traidora. Ella ve la necesidad de fortalecer la unidad latinoamericana, pero su tarea central debería ser unir al pueblo de Venezuela. Si el pueblo se divide, habrá colonización”.

Sobre el futuro político venezolano, insistió en que la salida no puede imponerse desde fuera. “Yo no considero que fueran unas elecciones libres”, dijo sobre los comicios cuestionados, una postura que, según recordó, compartieron Brasil y México. Petro relató que fue “mediador real”, junto a México, Noruega y otros países, y que incluso Estados Unidos llegó a aceptar una fórmula de transición, pero el proceso fracasó. “No se desmontó la represión, no hubo amnistía ni desbloqueo y todo fracasó”.

El presidente colombiano también alertó sobre el trasfondo global del conflicto. “Hay un choque de visiones: la ley estadounidense les permite entrar a otro país si hay actividad criminal como el narcotráfico, pero el derecho internacional, no. Si se generaliza, puede llevar a una guerra mundial”, advirtió, al vincular la presión sobre Venezuela con la competencia estratégica entre Estados Unidos y China.

En el plano interno, Petro afronta el tramo final de su mandato, con solo ocho meses por delante. Reconoció que la coyuntura internacional le resulta más cómoda que los problemas domésticos: casos de corrupción que llevaron a prisión a dos exministros, la persistencia de la violencia y la emergencia económica decretada en diciembre para cubrir un déficit de 16,3 billones de pesos en el presupuesto de 2026.

Sobre su futuro, fue tajante: “Yo no me puedo meter en política. Está prohibido”. Y descartó seguir el camino de Álvaro Uribe: “Yo no soy un viejo cansón. No soy tan viejo como él. Prefiero dedicarme a leer y a escribir libros”.

Petro cerró reivindicando las movilizaciones en su apoyo. “El que ya faltando tan poco salga tanta gente a las plazas demuestra fuerza. Me siento muy satisfecho de la compañía del pueblo”, afirmó. Sin embargo, como se evidenció en la Plaza de Bolívar, una parte significativa de los asistentes eran funcionarios públicos, miembros de sindicatos y sectores aliados al Gobierno, muchos de ellos convocados por sus superiores y sin claridad sobre el motivo de la protesta.

La amenaza, dice Petro, no ha desaparecido del todo. Pero una llamada de una hora con Trump bastó, al menos por ahora, para alejar los helicópteros del techo de la Casa de Nariño.

Por ahora no se tiene fecha del posible encuentro, en la Casa Blanca, entre el presidente Donald Trump y Gustavo Petro.