Por Lola Portela
La ‘Operación Resolución Absoluta’ de EE. UU. para capturar a Maduro ya pasó a la historia como uno de los logros dirigidos por el presidente Trump, quien ofreció detalles de la planificación del operativo, incluida la construcción de una réplica de la casa de seguridad de Maduro, donde las fuerzas de operaciones especiales practicaron.
Por meses, sin soltar la cuerda y sin embajada que los protegiera, agentes de la CIA operaron en Caracas para vigilar cada movimiento de Nicolás Maduro. El plan incluyó drones, fuentes internas, negociaciones secretas, un ultimátum de Donald Trump y ensayos militares con réplicas exactas de sus refugios. Este domingo, The New York Times reconstruyó paso a paso la trama que desembocó en la operación relámpago que terminó con el traslado del líder venezolano a Estados Unidos.
“A diferencia de intervenciones caóticas estadounidenses del pasado —del ejército en Panamá o de la CIA en Cuba—, la operación para capturar a Maduro fue prácticamente impecable, según diversos funcionarios familiarizados con los detalles, algunos de los cuales hablaron bajo condición de anonimato para describir los planes”. afirma The New York Times.
El diario The New York Times reveló, este domingo 4 de enero, detalles de una operación encubierta que se extendió durante meses y que tuvo como objetivo final la captura de Nicolás Maduro. Según el medio, agentes de la CIA ingresaron a Venezuela desde agosto del año pasado y permanecieron ocultos en Caracas, pese a una dificultad clave: la ausencia de una embajada estadounidense que les brindara protección diplomática.
“El equipo de la CIA se movió por Caracas, permaneciendo oculto durante meses durante su estancia en el país. La inteligencia recopilada sobre los movimientos diarios del líder venezolano, combinada con una fuente cercana a Maduro y una flota de drones furtivos que sobrevolaban la zona en secreto, permitió a la agencia descifrar detalles minuciosos de sus rutinas”, afirma el diario.

La información obtenida era tan precisa que, según el Times, “Estados Unidos sabía por dónde se movía, qué comía e incluso qué mascotas tenía”. Varias de las personas involucradas en la operación hablaron bajo condición de anonimato.
Ante el cerco, Maduro comenzó a desplazarse entre distintos complejos. La clave para ejecutar el plan era que todo ocurriera en un lugar previamente estudiado al detalle por la inteligencia estadounidense. El objetivo era actuar durante la temporada de vacaciones, cuando la vigilancia militar suele relajarse.
En paralelo, Washington mantuvo abierta una vía política. No se descartaba que Nicolás Maduro se entregara voluntariamente; dejara el poder mediante una negociación. El propio Donald Trump confirmó que habló telefónicamente con el líder venezolano en una conversación que, según Reuters, duró apenas 15 minutos.
En ese diálogo, Trump le planteó de forma directa que abandonara el país. Maduro, a su vez, presentó condiciones. Una fuente que participó del encuentro y habló con el Miami Herald detalló los tres puntos centrales exigidos por Caracas.
“Primero, Maduro solicitó una amnistía global por cualquier delito que él y su grupo hubieran cometido, y fue rechazada. Segundo, pidieron mantener el control de las fuerzas armadas, similar a lo que ocurrió en Nicaragua en 1991 con Violeta Chamorro. A cambio, permitirían elecciones libres. El tercer punto de fricción fue el momento oportuno: Washington insistió en que Maduro renunciara de inmediato, y Caracas se negó”, relató.
Las conversaciones fracasaron, pero siguieron siendo un factor determinante. “En los últimos días, Maduro intentó evitar una incursión estadounidense, ofreciendo a Estados Unidos acceso al petróleo venezolano, según declaró Trump el sábado”, afirmó el New York Times. De acuerdo con un funcionario estadounidense, el acuerdo —ofrecido el 23 de diciembre— implicaba que Maduro partiera hacia Turquía. “Sin embargo, Maduro rechazó airadamente el plan. Estaba claro que no hablaba en serio”, añadió la fuente.

Ese fracaso, según el diario, “sentó las bases para la misión de captura, que culminó con el traslado de Maduro a Estados Unidos y su encarcelamiento en Brooklyn para enfrentar cargos federales por narcotráfico”.
Otros medios sumaron detalles. Reuters informó que tropas de élite estadounidenses, incluida la Fuerza Delta, construyeron una réplica exacta de una casa segura de Maduro para ensayar el asalto a la residencia fortificada.
La operación tenía como fecha límite el 25 de diciembre, pero fue postergada por problemas climáticos. Trump fijó entonces el 3 de enero como plazo final. El plan se activó el viernes a las 16:30.
“Trump pasó la noche en la terraza de Mar-a-Lago, su club de Florida, donde cenó con asesores y secretarios del gabinete. Los asesores del presidente le informaron que lo llamarían esa misma noche, alrededor de las 22:30, para la aprobación final. El Sr. Trump lo hizo por teléfono y luego se reunió con sus altos funcionarios de seguridad nacional en un lugar seguro de la propiedad”, relató el Times.
“Dentro de Venezuela, el esfuerzo comenzó con una operación cibernética que cortó el suministro eléctrico a grandes franjas de Caracas, envolviendo la ciudad en la oscuridad para permitir que los aviones, drones y helicópteros se acercaran sin ser detectados”.
Más de 150 aviones militares, entre drones, cazas y bombarderos, que despegaron de 20 bases militares y buques de la Marina diferentes, formaron parte de la misión.
A medida que la aviación avanzaba sobre Caracas, los organismos militares y de inteligencia determinaron que habían mantenido la sorpresa táctica: Maduro no había sido advertido de que se avecinaba la operación. Los helicópteros llegaron a las 2:01 de la madrugada.
El sábado muy temprano, explosiones estruendosas retumbaron en Caracas cuando aviones de guerra estadounidenses atacaron baterías de radar y de defensa antiaérea. Aunque algunas de las explosiones publicadas en las redes sociales parecían dramáticas, un funcionario estadounidense dijo que se trataba sobre todo de instalaciones de radar y torres de transmisión de radio derribadas.
Al menos 40 personas murieron en el ataque del sábado en Venezuela, entre militares y civiles, según un funcionario venezolano de alto rango que habló bajo condición de anonimato para describir los informes preliminares.
Más tarde, Caine dijo a los reporteros que los aviones, bombarderos y drones entraron en Venezuela para destruir las defensas aéreas del país y permitir la entrada de helicópteros que transportaban fuerzas de operaciones especiales estadounidenses.
Aunque las defensas aéreas fueron suprimidas, los helicópteros fueron atacados cuando se acercaban al complejo de Maduro aproximadamente a las 2:01 a. m., hora local. Caine dijo que los helicópteros respondieron con una “fuerza abrumadora”.
Uno de los helicópteros fue alcanzado. Dos funcionarios estadounidenses dijeron que alrededor de media decena de soldados resultaron heridos en el conjunto de la operación.
Los operadores de la Fuerza Delta asignados para capturar a Maduro fueron conducidos a su objetivo —en la base militar más fortificada de Venezuela— por una unidad de élite de aviación de Operaciones Especiales del ejército, el 160.º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales, que vuela helicópteros MH-60 y MH-47 modificados.
El 160.º Regimiento, apodado Night Stalkers —o los Acechadores Nocturnos—, se especializa en misiones de alto riesgo, de bajo nivel y nocturnas, como inserciones, extracciones e incursiones. La unidad ha llevado a cabo lo que el Pentágono denominó misiones de entrenamiento cerca de la costa de Venezuela en los últimos meses.
Una vez en tierra, la Fuerza Delta se movió rápidamente por el edificio para encontrar a Maduro. A unos 2000 kilómetros de distancia, en una sala dentro de Mar-a-Lago, Trump y sus principales ayudantes vieron cómo se desarrollaba el asalto en tiempo real, gracias a una cámara colocada en un avión que lo sobrevolaba.
Mientras Caine narraba los acontecimientos en la pantalla, el presidente le hacía preguntas sobre el desarrollo de la operación.
“Lo vi literalmente como si estuviera viendo un programa de televisión”, dijo el presidente en Fox News el sábado por la mañana.

Mientras el presidente supervisaba la incursión desde Florida, los operadores de la Fuerza Delta utilizaron un explosivo para entrar en el edificio.

El funcionario estadounidense dijo que las fuerzas de Operaciones Especiales tardaron tres minutos, tras volar la puerta, en avanzar por el edificio hasta el lugar donde se encontraba Nicolás Maduro.
Trump dijo que una vez que las fuerzas de operaciones especiales atravesaron el complejo y llegaron a la habitación de Maduro, este y su esposa intentaron escapar a una habitación reforzada con acero, pero fueron detenidos por las fuerzas estadounidenses.
“Intentaba llegar a un lugar seguro”, dijo Trump durante una conferencia de prensa con Caine, y añadió: “Era una puerta muy gruesa, muy pesada. Pero no pudo llegar a esa puerta. Llegó a la puerta, pero fue incapaz de cerrarla”.
Unos cinco minutos después de entrar en el edificio, la Fuerza Delta informó que tenían a Maduro bajo custodia.
Los militares iban acompañados de un negociador de rehenes del FBI por si Maduro lograba encerrarse en una habitación segura o se negaba a rendirse.
Sin embargo, esas negociaciones resultaron innecesarias. Los operativos Delta subieron con rapidez a la pareja en los helicópteros, que habían regresado al complejo. A las 4:29 a. m., hora de Caracas, Maduro y su esposa fueron trasladados al USS Iwo Jima, un buque de guerra estadounidense en el Caribe estacionado a unos 160 kilómetros de la costa de Venezuela durante la operación.
La pareja fue trasladada del Iwo Jima a la base naval estadounidense de Guantánamo, donde el FBI tenía un avión gubernamental 757 esperando para llevarlo a un aeropuerto controlado por los militares al norte de Manhattan.
Trump observó hasta que las fuerzas de Operaciones Especiales salieron de Venezuela, sobrevolando el océano, dijo un funcionario.
Trump dijo que Estados Unidos estaba preparado para llevar a cabo una segunda oleada de ataques contra Venezuela, pero que no creía que fuera necesario. Lanzó una advertencia a otros dirigentes venezolanos: también estaría dispuesto a ir por ellos.
Visiblemente entusiasmado, agregó: “Los militares me dijeron que no hay otro país en la Tierra capaz de realizar una maniobra así”.
El desenlace de este proceso aún es incierto. El futuro de Venezuela dependerá, en gran medida, de la capacidad de su sociedad para reconstruir la vida democrática con liderazgos surgidos de años de crisis y dificultades. La memoria de lo ocurrido, la experiencia de quienes lo perdieron casi todo y la persistencia de una ciudadanía que mantuvo la esperanza serán factores centrales en ese camino. Lo que ocurra en el país no solo tendrá impacto en sus habitantes, sino que también repercutirá más allá de sus fronteras.

La caída de Nicolás Maduro ocurre en un momento políticamente crítico para Colombia. A cinco meses de las elecciones presidenciales, el impacto geopolítico de esta operación es demoledor para sectores del oficialismo que defendieron y defienden una política de apaciguamiento frente al régimen venezolano.
En este nuevo escenario, la seguridad se reafirma como centro del debate político en Colombia y en la región.
































