Inicio #POLÍTICA “La lealtad, la virtud más escasa en la política”

“La lealtad, la virtud más escasa en la política”

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Por Lola Portela

En política, la lealtad suele ser una moneda frágil. Se invoca en discursos, se exige en privado y, con frecuencia, se traiciona cuando el poder entra en juego. La historia reciente de Colombia ofrece ejemplos elocuentes de cómo la deslealtad puede marcar el destino de proyectos políticos enteros. El más recordado es, sin duda, el quiebre entre Álvaro Uribe Vélez y Juan Manuel Santos: una relación construida bajo la promesa de continuidad que terminó convertida en ruptura, desencanto y un reordenamiento profundo del mapa político nacional.

Hoy, más de una década después, ese fantasma parece rondar de nuevo al uribismo. La decisión del Centro Democrático (CD) de elegir a Paloma Valencia como candidata presidencial para 2026, relegando una vez más a María Fernanda Cabal Molina —la dirigente más votada del partido en las legislativas de 2022 y una de las figuras con mayor potencial electoral— ha reavivado entre uribistas y no uribistas un debate incómodo: ¿se está castigando la autonomía y premiando una lealtad interna que no necesariamente se traduce en fortaleza electoral?

Coherencia frente al oportunismo

A diferencia de Santos, cuya transformación ideológica se produjo tras alcanzar el poder, María Fernanda Cabal ha construido su trayectoria sobre una coherencia que pocos le discuten. No ha cambiado de discurso ni de principios según la coyuntura. Ha defendido sin ambigüedades la seguridad democrática, la propiedad privada, la institucionalidad y el rechazo a cualquier negociación que legitime a grupos armados ilegales. Ha cuestionado con firmeza las políticas de tierras del gobierno de Gustavo Petro, ha denunciado los vínculos del actual régimen con estructuras criminales y se ha convertido en una de las voces más críticas de la llamada “paz total”, que —según ella y numerosos analistas— ha fortalecido a los enemigos del Estado.

Esa coherencia, paradójicamente, parece haberle pasado factura dentro de su propio partido. Mientras algunos interpretan su marginación como una decisión estratégica equivocada, otros la leen como una muestra de desconfianza hacia una líder que piensa por sí misma y no necesita cargos para ejercer liderazgo. Como lo expresó la influenciadora de oposición Lorena González: María Fernanda Cabal no necesita cargos para liderar, porque su firmeza, coherencia y decisión siguen marcando el rumbo de Colombia”.

Un partido dividido, una izquierda cohesionada

El contraste con el bloque oficialista es evidente. Mientras el Centro Democrático enfrenta retiros, disputas internas y tensiones entre sus cúpulas regionales y nacionales, la izquierda avanza con una disciplina que no es casual. Iván Cepeda ya se perfila como el candidato natural del petrismo, respaldado por estructuras sólidas y una narrativa unificada que apela a la justicia social y la reparación histórica.

En ese escenario, la elección de Paloma Valencia —respetada, preparada, pero con menor proyección nacional e internacional— parece responder más a equilibrios internos que a una lectura fría de los datos electorales. María Fernanda Cabal, por el contrario, ha demostrado capacidad para movilizar apoyos más allá de los bastiones tradicionales del uribismo: Antioquia, el Eje Cafetero, los Llanos Orientales e incluso sectores del Caribe han respondido a un mensaje que conecta con ciudadanos cansados de la inseguridad, la burocracia y la ideologización del Estado.

La lealtad mal entendida

La pregunta que flota en el ambiente es inevitable: ¿se castiga a Cabal por no encajar en un esquema de lealtad vertical? Algunos cercanos al expresidente Uribe sostienen que, aunque reconoce su valor político, prefiere liderazgos más alineados con una visión centralizada. Otros van más lejos y sugieren que la herida de la traición de Santos aún pesa, alimentando la desconfianza hacia figuras con autonomía real.

Sin embargo, el país de 2026 no será el de 2010. Los votantes, las bases del Centro Democrático hoy exigen claridad, carácter y resultados. En ese tablero, María Fernanda Cabal ha demostrado que la lealtad no consiste en obedecer sin cuestionar, sino en ser fiel a unas ideas, incluso cuando eso incomoda a los propios.

¿Error de cálculo o temor a la independencia?

La exclusión de Cabal de la candidatura presidencial puede interpretarse como un error de cálculo que favorece a una izquierda cada vez más organizada, o como un acto de desconfianza hacia una mujer que ha construido su liderazgo; sin pedir permiso. En cualquier caso, el mensaje interno es claro: el poder decisorio sigue concentrado.

Y es claro que su proyecto político está lejos de agotarse. Tiene un gran impulso personal y un motor: sus seguidores, quienes repiten con convicción: “No es el final y nos encanta que ella también lo diga: Esto apenas comienza. Y es que el compromiso de María Fernanda Cabal es superior a cualquier coyuntura política porque Cabal esta comprometida con Colombia”.

En un país donde la lealtad escasea, la suya —a unas convicciones y a millones de ciudadanos— podría terminar siendo su mayor capital político.