Por Lola Portela
Buenos Aires, Cauca, despertó el pasado 16 de diciembre bajo el estruendo de los fusiles y el miedo colectivo. Durante casi diez horas, este municipio de apenas dos mil habitantes quedó atrapado en una toma armada de las disidencias de las Farc, estructura al mando de alias “Iván Mordisco”. El saldo fue devastador: casas destruidas, edificios públicos en ruinas, llamas aún humeantes y una comunidad que hoy vive entre el shock y la incertidumbre. Unos se quedaron, otros decidieron marcharse; sin destino seguro.
El ataque comenzó hacia las 5:50 de la mañana. Las disidencias arremetieron contra la estación de Policía con ráfagas de fusil, drones y pipetas explosivas. Cilindros bomba fueron lanzados desde volquetas hacia viviendas, mientras los accesos al pueblo quedaban bloqueados. En medio del caos, decenas de familias huyeron como pudieron, buscando refugio lejos de las balas.

Uno de los episodios más estremecedores quedó registrado en videos grabados por los propios habitantes. A través de los parlantes de la iglesia, el párroco del municipio —amenazado por el grupo armado— pidió a los policías que se entregaran para evitar una tragedia mayor. Desde las calles, una mujer suplicaba ayuda con la voz quebrada: “Nosotros somos inocentes. Hagan algo, señor Presidente, por favor…”.
Sin embargo, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, no ha expresado ni una sola palabra en solidaridad con este pueblo. Teniendo en cuenta que el mandatario se comunica, todo el día, a través de su red X.
Mientras los disidentes controlaban el casco urbano y evacuaban a sus muertos y heridos, la llegada del apoyo aéreo del Ejército y la Policía no significó el fin inmediato del horror. Por el contrario, los enfrentamientos se intensificaron. Desde helicópteros, la Fuerza Pública respondió con artillería, en un intento por retomar el control. Al final, el pueblo quedó marcado por la destrucción: la estación de Policía desmoronada, el Palacio Municipal en ruinas, el Banco Agrario perforado por disparos y el hospital municipal gravemente afectado.
El Gobierno reaccionó a través del ministro de Defensa, Pedro Arnulfo Sánchez, quien en un mensaje en su red X condenó el ataque y ordenó el despliegue de todas las capacidades de la Fuerza Pública en la zona.
La relación entre los cultivos ilícitos y la perpetuación de la violencia fue otro de los puntos centrales en el mensaje del ministro de Defensa. “Cultivar coca con fines ilícitos es cavar la propia tumba. Algunos creen que sembrar coca es una forma de subsistencia; la realidad es que contribuye, directa o indirectamente, al asesinato de colombianos, incluso de sus propias familias“.
Señaló que la violencia está estrechamente ligada al narcotráfico y fue enfático al afirmar que estos hechos reflejan los “verdaderos gestos de paz” de los grupos armados ilegales que viven de esta economía criminal.

El director de la Policía Nacional, general William Oswaldo Rincón Zambrano, se trasladó al Cauca para liderar las acciones operativas. Confirmó que un uniformado resultó herido, que hubo afectaciones a bienes civiles y que avanzan las investigaciones para capturar a los responsables, con recompensas ofrecidas por información clave.
La toma de Buenos Aires no fue un hecho aislado. Mientras el Cauca ardía, en Cali dos policías fueron asesinados por el ELN en un ataque con explosivos, evidenciando una escalada simultánea de violencia en el suroccidente del país.
A este panorama se suma una denuncia aún más grave: la participación de menores de edad en el ataque. El ministro de Defensa confirmó que niños y adolescentes reclutados de manera forzada habrían actuado como combatientes, dejando ocho policías heridos y varias viviendas destruidas en el Cauca.

La toma de Buenos Aires deja en evidencia la debilidad del Estado en estas zonas. Se trata de una tragedia que no puede minimizarse y demuestra la degradación del conflicto. El Ministro Sánchez con respecto a la participación de menores en su red X dijo:
“El reclutamiento forzado convierte a los menores en víctimas y, al mismo tiempo, en infractores”, advirtió Sánchez, quien alertó sobre el riesgo de que los grupos criminales terminen conformados mayoritariamente por niños armados, si no se actúa de manera decidida.

Las autoridades también reiteraron el vínculo directo entre los cultivos ilícitos de coca y la perpetuación de la violencia. “Mientras persistan los cultivos ilícitos, persistirá la violencia”, afirmó el ministro, en un llamado a enfrentar de raíz la economía ilegal que alimenta el conflicto.

Finalmente, el Gobierno reiteró el anuncio de recompensas millonarias por los principales cabecillas de las disidencias: hasta 5.000 millones de pesos por alias “Iván Mordisco” y 4.500 millones por alias “Marlon”, señalado como jefe de la estructura en Cauca.

Por su parte la Fiscalía investigará falta de apoyo a policías en Buenos Aires, Cauca, tras ataque de las disidencias de las Farc
En el ataque criminal fueron asesinados dos policías que, junto a sus compañeros, enfrentaron a los delincuentes.
El ataque armado de Buenos Aires dejó serias dudas respecto a la reacción de la Fuerza Pública, en el sentido de brindar apoyo a los policías que resistieron, con sus vidas, el ataque criminal de las disidencias. El apoyo no llegó a tiempo y los uniformados, en la precaria estación de Policía, debieron soportar la asonada terrorista.
Oficiales en retiro con amplia experiencia en el Ejército, como el general Jorge Mora, advierten que es necesario investigar lo ocurrido y determinar qué impidió el apoyo a los policías, así como a la población civil, que quedó en medio del ataque criminal y la reacción de los uniformados, que intentaban contener la arremetida terrorista.
“Esto es inaceptable por la ubicación y la situación que se vive; uno no entiende por qué no hay apoyo. Si esto llega a suceder hace 30 años en Mitú, que para llegar un helicóptero se requiere de más de dos horas, pero es que estamos en Buenos Aires, un escenario de guerra y que se supone los medios y las tropas están listos”, dijo el general en retiro.
Hoy, en Buenos Aires, la calma es frágil. Entre escombros, desplazamientos y silencios forzados, la comunidad intenta recomponerse y vuelve a repetir la frase que resonó en medio de las balas: son inocentes. Su mayor temor es que el país olvide que, detrás de cada toma armada, hay un pueblo entero pagando el precio de una guerra que no eligió.
































