Por Lola Portela
Varios medios de comunicación y plataformas informativas se adelantaron a reportar el triunfo de María Fernanda Cabal en la encuesta interna del Centro Democrático para la escogencia de su candidatura presidencial de 2026, con base en información que daba cuenta de su ventaja real en la medición aplicada. Dichos reportes no obedecieron a errores periodísticos ni a desinformación, sino a los datos iniciales que circularon tras conocerse el resultado de la encuesta.
Sin embargo, el desenlace oficial del proceso tomó un rumbo distinto. Aunque Cabal habría obtenido el mayor respaldo en la medición, la decisión final del partido no correspondió estrictamente a ese resultado, sino a una determinación política adoptada por la dirección del Centro Democrático, encabezada por el expresidente Álvaro Uribe Vélez.
De acuerdo con versiones internas, la colectividad optó por Paloma Valencia como candidata presidencial, no por haber superado a Cabal en la encuesta, sino como parte de una estrategia orientada a proyectar una figura con mayor capacidad de acercamiento al centro y al centro izquierda, con miras a la construcción de alianzas y coaliciones electorales más amplias.
El cambio de narrativa generó confusión en la opinión pública, en la medida en que el partido no publicó las planillas completas, no divulgó las fichas técnicas ni explicó con claridad el método utilizado para ponderar los resultados o transformar la medición en una decisión final. La ausencia de esa información dejó sin sustento técnico la transición entre el resultado inicialmente conocido y el anuncio oficial.
Con lo cual, el Centro Democrático dio paso a un sentir colectivo, que rueda en las redes y será muy complicado de cambiar:

A ello se sumaron indicios previos que reforzaron la percepción de una decisión anticipada. Semanas antes del pronunciamiento oficial, figuras cercanas a la dirección del partido, como Tomás Uribe, habían exaltado públicamente a Paloma Valencia. Paralelamente, desde su campaña se produjeron piezas gráficas y material proselitista antes de que se comunicara cualquier resultado formal, lo que para distintos observadores evidenció que la definición ya estaba tomada.
En este contexto, los primeros informes periodísticos que daban como ganadora a María Fernanda Cabal reflejaron el resultado real de las encuestas, mientras que el anuncio posterior del partido respondió a una reconfiguración política interna del proceso. Así, el triunfo medido fue reemplazado por una decisión estratégica que terminó proclamando a Paloma Valencia como la candidata oficial.
El episodio dejó al descubierto las diferencias entre los datos técnicos y las decisiones políticas dentro del Centro Democrático, así como la fragilidad de los procesos internos cuando no se acompañan de transparencia metodológica. Para los medios, el caso se convirtió en un ejemplo de cómo una información veraz puede verse desmentida posteriormente por una narrativa oficial construida desde la dirección partidista, en un escenario donde los hechos y las decisiones no necesariamente coinciden.
Queda también en el ambiente una pregunta para María Fernanda Cabal, ¿merece el Centro Democrático tanta lealtad? En redes sociales los seguidores del Uribismo ya anuncian que abandonan el partido que infundió, por años, credibilidad; a través de hombres y mujeres que dieron grandes debates en defensa de la democracia como la misma Cabal, Valencia, Holguín y muchos otros.
































