Por Lola Portela
Abelardo de la Espriella llegó este martes a la Registraduría con un mensaje calculado: su nombre no es una apuesta marginal. Con 4.869.407 —una cifra que supera con holgura los requisitos legales — el abogado quiso mostrar músculo en un momento en que la derecha aún no define cómo escogerá a su candidato presidencial.
Con 4.8 millones de firmas, “el tigre”, Abelardo de la Espriella pretende proyectarse como un aspirante ajeno a las estructuras tradicionales. Su estrategia se basa en atraer partidos, no en adherirse a ellos.

El coaval de Salvación Nacional, bajo el liderazgo de Enrique Gómez Martínez, es su primer paso en esa dirección. Y la escena que lo acompañó en la inscripción —el general (r) Eduardo Zapateiro, el líder cristiano John Milton Rodríguez y el exsenador uribista Carlos Felipe Mejía— compuso un retrato claro de su base: sectores militares, cristianos y una parte conservadores y del uribismo inconforme.
El momento también lo favorece. Con el uribismo dividido entre una consulta interna y el llamado de Álvaro Uribe a una coalición amplia que incluya desde Sergio Fajardo hasta el propio De la Espriella, y con la centroderecha sin consensos, el abogado ha logrado convertirse en un actor inevitable de la conversación política.
Esta semana, su influencia y capacidad de mover fichas quedó en evidencia tras el retiro de Miguel Uribe Londoño de la consulta interna del Centro Democrático, un episodio que reconfigura el tablero de la campaña.
































