A las seis y media de la mañana, cuando el aroma del desayuno empieza a llenar las calles de Yopal, María Miriam González ya recibe a los primeros niños en su hogar comunitario. Con más de veinte años de servicio, la madre comunitaria acomoda mochilas, sirve tazas de Bienestarina y enciende la música que despierta sonrisas infantiles.
Mientras los pequeños se sientan a la mesa, González habla sobre la noticia que ha cambiado su día a día y el de miles de madres comunitarias en el país: el incremento del subsidio de subsistencia. “Sentí una alegría difícil de explicar”, asegura. “No solo por el dinero, sino porque por fin sentimos que nuestro trabajo vale”.
El cambio ha sido significativo. El programa pasó de 4.993 beneficiarias en 2023 a 14.964 en 2025, un aumento cercano al 200 %. Los montos del subsidio también tuvieron un alza notable, pasando de $360.000–$440.000 a entre $1.139.000 y $1.353.000, según la modalidad. Esto representa entre el 80 % y el 95 % del salario mínimo. Para María Miriam González, más allá de las cifras, el incremento significa dignificación. “Es una manera de decirnos que sí importamos, que nuestra entrega vale”, afirma.

Recuerda épocas más difíciles, cuando debía “hacer milagros” para sostener el servicio. Aun así, nunca pensó en detenerse. “Seguíamos porque estos niños son nuestra motivación”, dice mientras una niña se aferra a su cuello.
Sobre los cambios que traerá el aumento, responde sin dudar: “La tranquilidad. Ahora uno puede mejorar el espacio, comprar materiales y hasta pensar en uno mismo. Este aumento nos da esperanza y nos recuerda que sí vale la pena seguir”.
Para González, el valor del reconocimiento trasciende lo económico. “Nosotras no trabajamos por un sueldo, trabajamos por amor… pero qué bonito cuando ese amor también se reconoce”, expresa.

Al finalizar la jornada, los niños la rodean entre risas y abrazos. Ella los llama “sus hijos” y los observa disfrutar del desayuno. “A veces pienso que todo esto vale la pena solo por verlos así: felices y sonriendo”, comenta.
Más que un incremento económico, las madres comunitarias ven en esta medida un acto de justicia y un impulso para seguir transformando vidas.
































