Por: Luis Daniel Londoño Silva – Columnista invitado
Mgtr. Violencia Doméstica y de Género
Teólogo, escritor y comunicador

“No seas exagerada”, “Eso no es machismo, es cortesía”, “Las mujeres son más emocionales”. Estas frases, aparentemente inofensivas, esconden una forma sutil y persistente de violencia: los micromachismos.
Se trata de estrategias de control y dominación masculina que operan en la cotidianidad, casi siempre invisibles, y que refuerzan las desigualdades de género. Lo preocupante es que, al estar normalizados, se convierten en un obstáculo silencioso para la equidad. ¿Cómo identificarlos y qué hacer para erradicarlos? En este artículo, exploramos su impacto y proponemos estrategias para desmantelar esta forma de violencia encubierta.
¿Qué son los micromachismos?
El término “micromachismos” fue acuñado por el psicólogo Luis Bonino en la década de 1990 para describir las prácticas sutiles que perpetúan la subordinación femenina en distintos ámbitos de la vida. Bonino los define como “maniobras interpersonales de dominio y subordinación que los varones realizan de manera cotidiana, con el fin de mantener su posición de poder en las relaciones”. A diferencia del machismo abierto y evidente, los micromachismos son sutiles, difíciles de detectar y, en muchos casos, socialmente aceptados o traducidos en conductas normalizadas.
Tipos y manifestaciones en la vida diaria
Algunas de las manifestaciones de los micromachismos, son:
Lenguaje sexista: Uso de expresiones que invisibilizan o menosprecian a las mujeres, como utilizar el masculino genérico para referirse a grupos mixtos o hacer chistes denigrantes sobre el género femenino.
Interrupciones constantes: Situaciones en las que los hombres interrumpen a las mujeres en conversaciones o reuniones, minimizando su opinión y restando valor a sus aportaciones.
Asignación de roles tradicionales: Expectativas de que las mujeres se encarguen de tareas domésticas o de cuidado, incluso cuando tienen las mismas responsabilidades laborales que los hombres.
Comentarios sobre la apariencia: Enfocarse en el aspecto físico de las mujeres en contextos profesionales, restando importancia a sus habilidades y competencias.
Estos comportamientos se manifiestan en múltiples escenarios: el hogar, el trabajo, la educación y la vida social. La idea de que las mujeres deben encargarse de las tareas domésticas sin cuestionamiento o que deben “moderar” su comportamiento para no incomodar a los hombres, son ejemplos claros de cómo se normalizan.

Impacto y daños de los micromachismos
Aunque parecen inofensivos, los micromachismos tienen consecuencias profundas:
Refuerzan la desigualdad de género: Alimentan la idea de que las mujeres son inferiores o menos capacitadas.
Minan la autoestima: Las mujeres pueden sentirse incapaces o menospreciadas cuando sus ideas o habilidades son constantemente cuestionadas.
Limitan el desarrollo profesional y personal: En el ámbito laboral, pueden traducirse en menos oportunidades de ascenso y liderazgo.
Son la base de violencias mayores: Según la ONU, la violencia de género comienza con actitudes y comportamientos aparentemente sutiles que, si no son detenidos, pueden escalar a formas más graves de agresión.
¿Las mismas mujeres ayudan a mantener los micromachismos?
Los micromachismos no solo son perpetuados por los hombres; en ocasiones, ciertas actitudes de las mujeres pueden contribuir a su normalización y reproducción. Esto ocurre porque vivimos en una sociedad que ha enseñado roles de género por generaciones. Aquí te presento cinco actitudes de las mujeres que pueden fortalecer los micromachismos y cómo se evidencian en la vida diaria:
Aceptar la sobreprotección masculina
que se evidencia en frases como “Déjalo, él se encarga”, “Los hombres deben proteger a las mujeres” o la idea de que un hombre debe ser el principal proveedor. Esta actitud refuerza el estereotipo de que las mujeres son frágiles y necesitan ser cuidadas, lo que justifica actitudes paternalistas y resta autonomía.
Restarles importancia a los micromachismos
Se evidencia minimizando frases o conductas sexistas con expresiones como “No es para tanto”, “Así son los hombres” o “Es solo una broma”. Esta actitud desacredita el problema, lo invisibiliza y permite que estas actitudes continúen sin ser cuestionadas.
Asumir que las tareas del hogar y el cuidado son ‘naturales’ en la mujer
Se refleja en la ejecución de las tareas domésticas sin repartirlas o asumir que los hombres “no saben” hacerlo bien, hecho que refuerza la idea de que las labores del hogar son responsabilidad femenina, perpetuando la carga desigual.
Juzgar negativamente a otras mujeres
Se evidencia en expresiones como “está descuidando a sus hijos por trabajar” o “parece muy mandona”; actitud que reproduce estereotipos que descalifican a las mujeres que buscan independencia o liderazgo.
Idealizar el amor romántico como dependencia emocional
Creer que una mujer sí o sí, “necesita” a un hombre para sentirse completa o justificar conductas de control con frases como “Si te cela, es porque te ama”. Situación que normaliza relaciones de dependencia y control, reforzando la idea de que el hombre tiene derecho a decidir sobre la vida de la mujer.
Aceptar comentarios sexistas como halagos
Se evidencia en frases como “me gusta que los hombres sean caballerosos” cuando en realidad encubren actitudes condescendientes, o aceptar cumplidos que cosifican el cuerpo femenino. Hecho que refuerza la idea de que la apariencia de la mujer es más importante que sus capacidades y que debe ser validada por los hombres. También se da cuando se es cómplice de chistes que contienen una alta carga de denigración del sexo femenino, reduciéndolo a un juego de placer. Hoy las mujeres son muy dadas a corear canciones que la están convirtiendo en un simple objeto de conquista.

¿Cómo bloquear los micromachismos?
Identificar y visibilizar: La clave para combatirlos es reconocerlos. Muchas veces, están tan normalizados que pasan desapercibidos.
Cuestionar y desaprender: Reflexionar sobre las frases y actitudes que refuerzan la desigualdad.
Fomentar el diálogo: Hablar sobre el tema en casa, en el trabajo y en espacios educativos.
Educar en igualdad: Desde la infancia, enseñar a niños y niñas que no hay roles de género predefinidos.
Empoderar a las mujeres: Fomentar su participación en todos los ámbitos.
Hombres aliados: Es fundamental que los hombres reconozcan sus privilegios y contribuyan al cambio.
Denunciar y rechazar: No permitir bromas sexistas ni minimizar los comportamientos que perpetúan la desigualdad.
Los micromachismos no son pequeños ni inofensivos; son el sustento de una estructura de desigualdad que perpetúa la violencia de género. Su invisibilidad los hace aún más peligrosos, pues actúan como el combustible silencioso de actitudes más agresivas.
Erradicarlos requiere un compromiso social, educativo y personal. No se trata de “ser políticamente correctos”, sino de construir relaciones basadas en el respeto y la equidad. Solo así podremos avanzar hacia una sociedad donde la igualdad no sea un ideal, sino una realidad.